Al igual que otros colectivos, los reclusos y ex/reclusos sufren una clara discriminación. Un alto porcentaje de ex/reclusos tienen problemas asociados a la marginación social: procedencia de ambientes urbanos infradotados, familias desestructuradas, consumo de sustancias psicoactivas, déficits culturales, dificultades de acceso al mercado laboral, así como hándicaps propios de la discriminación social por haber estado en prisión.
Una vez cumplida la condena, las personas ex/reclusas se ven sometidas a un proceso de estigmatización, mediante el cual la sociedad les arrincona y les excluye, impidiendo su normal integración.
Durante su estancia en prisión, este colectivo sufre un desfase en su proceso de socialización, los acelerados cambios de la sociedad actual y la interiorización de la “subcultura de la prisión” producen en el ex/recluso un sentimiento de desarraigo y de falta de control sobre su entorno natural, esto unido a la discriminación, el rechazo social y a la escasa cualificación laboral con que cuentan, hace necesaria la articulación de políticas económicas y sociales que potencien su plena integración socio-laboral en un marco de sensibilización comunitaria.
En la sociedad actual es uno de los colectivos más ignorados, se encuentra en una constante frustración y pasan a ser personas marcadas para toda la vida. Se considera a la persona que entra en prisión como un ser despreciable, que ya no se merece una segunda oportunidad y que debe ser castigado por el delito cometido durante el resto de su vida. Vivimos en una sociedad, en la que cualquiera que se salga de las normas establecidas o no tenga poder y dinero está condenado de por vida, ya que las personas con cierto nivel económico, pueden pagar muchas veces la fianza y salir de allí, estos casos son los menos, por eso se pretende llevar a cabo una educación permanente en las cárceles que permitan a estas personas que en la mayoría de los casos no saben nada de leyes, a reinsertarse en esa sociedad que les ha excluido, haciéndoles ver que si es posible el cambio.
La población reclusa está aumentando con el paso del tiempo y las cárceles están “abarrotadas”. A esta problemática se suma la escasez de recursos dentro de los centros penitenciarios y una vez fuera de ellos para su reinserción social.
¿Por qué estos recursos son tan escasos? ¿Es un problema del Estado, de la falta de sensibilización por parte de la sociedad, …? ¿Se merecen una segunda oportunidad?



Posiblemente es dificil creer en el cambio. Pero, todos tenemos derecho a la socializacion, a poder tener un trabajo y poder andar sin que nadie te señale por haber hecho nada. La mayoria de nosotros situamos a los reclusos o exreclusos, en un bajo nivel de vida economico y como habeis dicho, quien dispone de dinero paga la fianza y sale a la calle, sin embargo éste, posiblemente no sea señalado, aquí si que hemos creido en el cambio.
ResponderEliminarTodas las personas nos merecemos una segunda oportunidad, tenemos derecho a poder vivir en igualdad sea cual sea nuestro pasado.